En el imaginario popular, el régimen courier quedó asociado a las compras personales en plataformas del exterior. Usado de manera estratégica, puede ser la puerta de entrada al comercio exterior para un emprendedor y una herramienta crítica para una gran empresa.
Por Christian Matich*
Cuando en la Argentina se habla de courier, casi siempre se piensa en lo mismo: un paquete con ropa, un celular o algún artículo comprado en una plataforma de comercio electrónico del exterior. La discusión pública suele quedarse ahí, en el consumo personal y en su impacto sobre el comercio local. Pero el courier es bastante más que eso: es un régimen de importación que puede aprovechar cualquier tipo de empresa, desde un pequeño emprendedor hasta una multinacional.
Los números muestran la magnitud del fenómeno. Según datos del INDEC, las importaciones vía courier sumaron USD 894 millones en todo 2025. En los primeros ocho meses de 2026 ya acumulaban USD 855 millones, un 71,1% más que en igual período del año anterior. En julio y agosto hubo una merma: ingresaron USD 108 millones y USD 104 millones, frente al récord de USD 125 millones de junio. Aun así, el acumulado al 31 de agosto quedó a solo USD 39 millones del total de 2025, y desde marzo ningún mes bajó de los USD 100 millones. Todo indica que 2026 cerrará como un año récord.
Ese crecimiento suele leerse únicamente como consumo. Sin embargo, detrás de esas cifras hay también una herramienta productiva que muchas empresas todavía no tienen en el radar.
Para los emprendedores, las microempresas y las PyMEs, muchas de ellas hoy en pleno proceso de reconversión, el courier es una alternativa muy viable para empezar a operar. La razón principal es el costo de entrada. Una importación por el régimen general tiene costos fijos que no dependen del tamaño de la compra: solo poner en marcha un despacho puede rondar los USD 2.000, según las características de la carga. En courier ese costo fijo no existe, y la inversión inicial es relativamente baja.
Eso permite algo muy valioso para quien recién empieza: probar. Una empresa puede traer pequeñas cantidades, testear un producto en el mercado, evaluar a un proveedor y medir la respuesta de sus clientes antes de comprometer capital en un contenedor. Si el producto funciona, el paso siguiente puede ser una carga marítima. Si no funciona, la pérdida es acotada. Es, en definitiva, una manera de introducirse en el mundo de las importaciones con un riesgo controlado.
En el otro extremo, las grandes empresas y las cadenas de valor usan el mismo régimen por una razón distinta: la velocidad. Un envío puede llegar de China a Buenos Aires en cuatro días hábiles, con entrega puerta a puerta. Para dimensionarlo, un envío interno hacia el norte o el sur del país a veces demora el doble.
Esa agilidad se vuelve decisiva cuando hay una línea de producción detenida. Si falla una pieza clave de una máquina, cada día sin el repuesto es un día de pérdidas. Poder traerlo desde cualquier parte del mundo en tiempo récord reduce el impacto de la parada. En esos casos, el flete más caro suele ser también el más barato.
Nada de esto significa que el courier sirva para todo. No todos los productos pueden importarse por esta vía, y el régimen tiene límites y condiciones propias. Por eso es crucial validar cada operación antes de comprar, con un despachante de aduana o con una empresa de courier que confirme que ese producto puede ingresar por este régimen. Una mercadería retenida por no haber hecho esa consulta a tiempo cuesta mucho más que el asesoramiento previo.
El debate sobre el courier debería ampliarse. La pregunta no puede ser únicamente cuánto compran los argentinos en el exterior. También deberíamos preguntarnos cuántas empresas podrían dar su primer paso en el comercio exterior, o resolver una urgencia productiva, con una herramienta que ya está disponible.
El courier no es solo una forma de comprar. Bien utilizado, es una forma de empezar y también una forma de no detenerse.
*Licenciado en Comercio Internacional, despachante de ADUANA y especialista en operaciones de importación, logística y comercio exterior.


