Los mayores niveles de atraso se concentran en tarjetas de crédito, mientras que en plataformas digitales de préstamos la mora supera el 20%.
La morosidad de las familias en Argentina alcanzó su nivel más alto en casi cinco años, con un promedio cercano al 10%, en un contexto de creciente endeudamiento y tasas de interés elevadas. El fenómeno impacta además en las pequeñas y medianas empresas (pymes), que registran un aumento en los créditos impagos.
Los mayores niveles de atraso se concentran en tarjetas de crédito, mientras que en plataformas digitales de préstamos la mora supera el 20%. A esto se suma que muchas familias poseen en promedio tres tarjetas y recurren a nuevos créditos para cubrir deudas previas, lo que incrementa el riesgo financiero.
En cuanto a las tasas, los adelantos en cuenta corriente superan el 28% anual, los préstamos personales rondan el 70% y los intereses por mora pueden exceder el 142% anual, generando mayores dificultades para acceder a financiamiento y cumplir con las obligaciones.
Ante este escenario, las entidades bancarias comenzaron a restringir líneas de crédito y a reforzar mecanismos de alerta temprana para anticipar posibles incumplimientos.
El deterioro en la capacidad de pago de los hogares tiene un efecto directo sobre las pymes, cuya actividad depende en gran medida del consumo. La combinación de tasas altas, caída en las ventas y menor actividad económica configura un escenario complejo, en el que muchas empresas recurren a financiamiento para afrontar compromisos tributarios, previsionales y operativos.
Especialistas señalan que, sin una recuperación del consumo, la situación podría profundizarse. Consideran que las medidas actuales no logran impulsar la demanda, lo que mantiene tanto a familias como a pymes en un contexto de endeudamiento creciente y dificultades de liquidez.


