Se trata del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), incorporado en el borrador de la reforma laboral.
El Ejecutivo presentó un capítulo específico dentro de la reforma laboral que apunta a las pymes y medianas empresas. Se trata del Régimen de Incentivo para Medianas Inversiones (RIMI), conocido como el “nuevo RIGI”, diseñado para estimular proyectos productivos de menor escala y ampliar el alcance de las políticas de inversión que hasta ahora estaban centradas en grandes compañías.
El RIMI establece que los bienes adquiridos bajo este régimen deberán permanecer en la empresa durante al menos dos ejercicios fiscales, y ofrece beneficios como amortización acelerada, deducciones rápidas y devolución anticipada del crédito de IVA. También contempla ventajas en el impuesto a las ganancias, con el objetivo de mejorar la competitividad y aliviar la carga tributaria de las pymes.
La iniciativa responde a un reclamo histórico del sector, que pedía un esquema similar al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), pero adaptado a su escala. Según el borrador, el programa busca impulsar el desarrollo productivo, ampliar exportaciones y generar empleo, especialmente en provincias con actividades estratégicas como energía, agroindustria y manufactura.
El RIMI no será compatible con otros regímenes de promoción y tendrá límites y condicionalidades: en caso de incumplimiento, las empresas deberán reintegrar los beneficios recibidos. La autoridad de aplicación será la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), que podrá exigir informes técnicos para validar los proyectos.
Con este esquema, el Gobierno intenta dar una señal de apoyo a las pymes en un contexto de caída del consumo y retracción de la actividad. El desafío será lograr que las medidas fiscales se traduzcan en nuevas inversiones y en un alivio real para el sector más dinámico del empleo en la Argentina.


