Por Leonardo J. Glikin. Director de CAPS Consultores www.caps.com.ar
Transmitir una empresa no es solo un acto jurídico, contable o impositivo. Es, sobre todo, un acto de amor: la herencia de valores, pertenencia y compromiso que dan continuidad a la historia familiar. “Pantalón cortito, bolsita de los recuerdos…”. Me sorprende ver a mi amigo Raúl, apasionado cantor de tangos, interpretar la canción Chiquillada.
Más que patrimonio. Quien funda una empresa suele pensar que su herencia se reduce al patrimonio: acciones, inmuebles, inversiones. Pero la herencia verdadera va más allá de lo contable, lo jurídico o lo impositivo. Está en la capacidad de transmitir compromiso, pertenencia y deseo de continuidad.
El legado invisible
El fundador de una empresa que piensa en sus nietos no está simplemente entregando capital: está regalando un capital emocional, una herencia de valores que da sentido a todo lo construido.
Continuidad con sentido
La continuidad de una empresa no depende solo de protocolos o balances. Depende, sobre todo, de que las nuevas generaciones sientan orgullo de pertenecer.
El acto de amor
El verdadero legado del abuelo fundador no es solo el fruto material de su esfuerzo, sino la convicción de que lo importante es hacer crecer lo recibido con amor y compromiso.
El mensaje que permanece
Ese día, Raúl y sus nietos no estaban pensando en herencias ni en balances. Pero lo que ocurrió allí, al cantar juntos, fue un acto de transmisión que constituye la verdadera base de un exitoso protocolo familiar. Porque, cuando un abuelo entrega la posta, lo que de verdad deja no es una empresa ni un capital: deja un mensaje imborrable para su familia y para la historia: “Esto que construí también es parte de ustedes. Cuídenlo, háganlo crecer, y háganlo con amor.”


