Por: Mateo Saavedra, socio fundador de Kolibri.
Muchas veces hablamos como si recién ahora nos diéramos cuenta de las consecuencias de nuestras actividades en el ambiente. Sin embargo, hace ya un tiempo referentes de distintas escuelas de pensamiento observan con mirada sistémica la economía lineal y advirtieron que este camino no es sostenible. Redujimos la economía a dos variables: capital y trabajo. El resto eran externalidades. Pero, ¿cuán externa es, por ejemplo, la población de peces de la cual dependen todas las operaciones pesqueras? ¿Cuan externos son los ríos que se generan por el agua que absorben y administran los árboles, que estamos talando para producir alimentos, que también requieren de agua para crecer?
Hoy, estas consecuencias parecen obvias: ríos secos, incendios, inundaciones, océanos contaminados. Y estas son solo una parte de las consecuencias, las más fáciles de capturar en imágenes. Difícil es mostrar el silencio donde deberían escucharse millares de insectos o el polvo seco que antes era tierra fértil con infinitos microorganismos. La degeneración de los ecosistemas sucede más allá de lo que vemos.
Primero vinieron las escuelas de pensamiento que advertían sobre lo poco sostenible en el tiempo que eran nuestras actividades económicas con su lógica de extraer-tirar, seguidas por el surgimiento de distintas ramas que buscaron conectar las externalidades que no estaban siendo contempladas en el pensamiento económico tradicional. Algunas tomaron una postura más sistémica , otras buscaron inspirarse en la naturaleza (Biomimética) y otras se enfocaron en el pensamiento de diseño, que se enfoca no sólo en el uso sino desde la extracción de la materia prima hasta la disposición final (Cradle to Cradle).
Algunas ramas tomaron una mirada más macroeconómica, y se plantean si la economía tradicional realmente está basada en fundamentos que representan el funcionamiento real del mundo y los sistemas sociales y naturales ; surgiendo la pregunta de si el PBI es la mejor forma de medir nuestro éxito como especie. (Doughnut Economics).
Por otra parte, con la mirada puesta en nuestro manejo de recursos, nace también otra pregunta: ¿qué estamos haciendo con todos estos materiales que extraemos de la tierra y de la biósfera y luego tiramos? ¿Por qué no construir sistemas que, como la naturaleza, aprovechan y recirculan todos los materiales, eliminando el concepto de “basura” (Economía Circular)?.
Hoy en día el término que emerge es el de “regeneración” o de “pensamiento regenerativo”, sugiriendo pasar de disminuir nuestro impacto a pensar en impactar positivamente en nuestro entorno. Es decir, dejar de preocuparnos por hacer menos mal y empezar a buscar hacer el bien.
Un claro ejemplo, y una de las razones por las cuales elegimos llamarnos Kolibri, es cómo el colibrí se alimenta. Como polinizador, su actividad de extracción de alimento tiene como resultado un aumento en el stock disponible de su alimento: el impacto neto es positivo, es decir, es regenerativo. Esta es la invitación que hace el pensamiento regenerativo, que logremos construir sistemas que al utilizar recursos generen un impacto positivo: si consumo agua, que el resultado sea que haya más agua purificada; si consumo alimentos, que el resultado sea un suelo más saludable. Esto nos invita a preguntarnos ¿a medida que crece mi organización, mejora también el mundo?