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Gobierno nuevo, pragmatismo nuevo – Por Nino Fernández

 

Pocos días fueron suficientes para descubrir que el gobierno de AF también sostendrá su gestión sobre los pilares del pragmatismo. No sabemos si ese pragmatismo va ser similar al de Carlos Menem, que privatizó activos públicos bajo las banderas del Justicialismo, o al de Mauricio Macri, que perdido por perdido echó mano a las más variadas prácticas de intervención del Estado, para intentar dar vuelta el implacable mensaje de las PASO.

Por lo pronto cuando muchos se rasgaban las vestiduras advirtiendo sobre el efecto inflacionario de la promesa de poner plata en el bolsillo de la gente, en su primera aparición pública el ministro de Economía, Martín Guzmán, anunció que la emisión monetaria va a ser acotada. Ni siquiera se preocupó por recordarles a aquellos ‘advertidores seriales’ que la inflación record de los últimos tiempos coincidió con emisión cercana a cero.

Ni que hablar de la Ley de Solidaridad Social y Reactivación Productiva que el mercado compró a ojos cerrados porque garantizaba la capacidad de repago de la deuda completando la voluntad de pagarla, esgrimida durante la campaña electoral.

Por cierto que por otras razones ha logrado seducir a buena parte de la población y de la comunidad empresaria.

Por un lado porque los $5000 pesos otorgados a los ‘jubilados de la mínima’ en los últimos días de diciembre fue un alivio que se potencia, siempre y cuando la inflación de enero tienda a la baja, como algunos proyectan. Un objetivo difícil si se tiene en cuenta el regreso del IVA a los productos de la canasta básica y el efecto de las vacaciones sobre los precios.

De todos modos se descuenta que ese Bono volverá al mercado en forma de consumo. El mismo destino tendría buena parte de la cifra fija anunciada para los asalariados. Por supuesto que los congelamientos de tarifas, del transporte y de los peajes, así como la vuelta del Ahora 12, también apuntan a aceitar la maquinaria del mercado interno. Es cierto que los individuos alcanzados por el aumento impositivo podrían retacear en algo sus consumos, pero difícilmente alcance a frenar el envión de los favorecidos por aquellas medidas.

Lo que está claro es que la movida del mercado interno es el factor que más entusiasma a las pymes, sobretodo porque esta vez, perciben que la gente recupera la confianza, por ejemplo, en que no corren riesgos sus trabajos. La secuencia empieza en el comercio, que aumenta sus ventas y engrana luego la producción industrial con mayor demanda.

Nada nuevo bajo el sol. La pregunta es cómo hacer para que el engranaje sea sustentable en el tiempo. Está claro que el objetivo de máxima es que el acuerdo de precios y salarios sea la polea que mueva la rueda del consumo, sin el efecto erosivo de la inflación.

No por nada el primer mandatario le pidió a los empresarios ‘no abusar de los precios’ y a los sindicalistas ‘no hacer pedidos desmedidos de aumentos salariales’.

Pero en esta coyuntura marcada por la emergencia de recuperar el mercado interno, target casi excluyente de la comunidad pyme, muchas de estas empresas también valoran la decisión estratégica de poner proa a la salida exportadora, anunciada por AF.

Otra vez pragmatismo en estado puro. En otros tiempos, cualquier otro presidente de origen peronista hubiera promovido aumentos de sueldos por encima de la inflación y foco exclusivo en el mercado interno.

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