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El consumo de carne vacuna cayó más de un 11% y alcanzó uno de los niveles más bajos en 30 años

El descenso en el consumo responde principalmente al deterioro del poder de compra de los salarios.


El consumo de carne vacuna en la Argentina volvió a mostrar una fuerte caída y se ubicó en uno de los niveles más bajos de las últimas tres décadas. Según datos difundidos por el sector frigorífico, el consumo per cápita retrocedió más de un 11% en comparación con el mismo período del año pasado, reflejando el impacto que la pérdida del poder adquisitivo continúa teniendo sobre los hogares.

La caída del salario modificó los hábitos de consumo

El descenso en el consumo responde principalmente al deterioro del poder de compra de los salarios. Aunque la inflación mostró una desaceleración en los últimos meses, muchas familias siguen ajustando sus gastos y priorizando productos más económicos para afrontar el presupuesto mensual.

En ese contexto, cada vez son más los consumidores que reducen la cantidad de carne vacuna que compran o directamente la reemplazan por otras proteínas de menor costo, como el pollo o el cerdo. La tendencia representa un cambio significativo en un país donde la carne vacuna históricamente ocupó un lugar central en la alimentación.

A la menor capacidad de compra se suma el aumento de los costos de producción. Desde el sector ganadero y frigorífico advierten que los incrementos en la alimentación del ganado, el transporte, la energía y otros insumos continúan presionando sobre el precio final que paga el consumidor.

Si bien las exportaciones siguen siendo un pilar fundamental para la industria cárnica, el mercado interno continúa representando una parte esencial del negocio. Por eso, la caída del consumo local genera preocupación entre productores, frigoríficos y comerciantes, que observan una demanda cada vez más retraída.

Los especialistas coinciden en que una recuperación del consumo dependerá, principalmente, de una mejora sostenida en los ingresos reales de la población. Mientras eso no ocurra, el mercado interno continuará condicionado por las dificultades económicas y por un consumidor que busca alternativas más accesibles.

Con una baja superior al 11% respecto del año anterior, el consumo de carne vacuna quedó en uno de los registros más bajos de los últimos 30 años. El dato no solo refleja las dificultades que atraviesan las familias argentinas, sino también el cambio en los hábitos de alimentación impulsado por el contexto económico.

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