La palabra emprender proviene del francés entrepreneur, asociada a la voluntad de desarrollar iniciativas que implican asumir el riesgo económico de una nueva empresa.
Por la Lic. Mariel Gabe, nutricionista, coach ontológica especializada en emprendimientos y docente de la Licenciatura en Nutrición de UADE.
La palabra emprender proviene del francés entrepreneur, asociada a la voluntad de desarrollar iniciativas que implican asumir el riesgo económico de una nueva empresa. En el ámbito de la nutrición, ese espíritu muchas veces comienza el día en que una profesional decide ejercer de manera independiente. Abrir un consultorio, definir honorarios, organizar la agenda, comunicar servicios y sostener un flujo de pacientes no es solo ejercer la profesión. Es gestionar un proyecto propio. Y eso, aunque no siempre se lo nombre así, también es emprender.
Construir un proyecto profesional sostenible en el tiempo exige, ante todo, voluntad y decisión. Emprender comienza con algo esencial: tener ganas. Decidir construir un proyecto propio implica aceptar desafíos, incertidumbre y aprendizaje constante. Supone disposición para atravesar procesos con avances y retrocesos, entendiendo que el crecimiento no es lineal, sino parte de un camino que se recorre con convicción.
Pero la voluntad, por sí sola, no alcanza. Emprender exige una verdadera mentalidad emprendedora, que supone un profundo trabajo personal. Gestionar emociones, tolerar la frustración, sostener la motivación y revisar creencias que frenan nuestro avance —como el miedo o la inseguridad— es fundamental. La dimensión técnica de la profesión convive, inevitablemente, con la dimensión emocional de quien decide liderar su propio proyecto.
A ello se suman las habilidades blandas y el liderazgo. Comunicación, organización, adaptabilidad y gestión del tiempo son competencias necesarias para cualquier profesional independiente. Cuando el proyecto crece y se transforma en un negocio con equipo, aparecen nuevos desafíos: delegar, coordinar y tomar decisiones. Un emprendimiento sostenible requiere conocimientos técnicos, pero también capacidad de conducción. Saber de nutrición es indispensable; saber liderar, también.
En este punto, resulta clave diferenciar el autoempleo del negocio. Muchos nutricionistas comienzan atendiendo en su consultorio, donde los ingresos dependen directamente de las horas trabajadas. Es un modelo válido, pero tiene límites. Proyectarse como dueño de negocio implica crear sistemas, equipos o productos que permitan escalar y no depender exclusivamente del propio tiempo. Allí radica la diferencia entre sostener una práctica individual y construir un negocio estructurado, con proyección y capacidad de crecimiento.

El conocimiento disciplinar es indispensable, pero no suficiente. Emprender también exige incorporar herramientas concretas. La educación financiera permite comprender costos, definir honorarios, proyectar ingresos y administrar recursos. El marketing y la comunicación profesional ayudan a expresar con claridad qué hacemos y cuál es el valor real de nuestro servicio. Las ventas, muchas veces temidas, implican ofrecer lo que hacemos sin miedo, entendiendo que nuestro trabajo mejora la calidad de vida de las personas. Vender no es imponer, sino generar oportunidades de ayuda desde la ética. A su vez, contar con conocimientos de planificación y herramientas de negocio posibilita estructurar el proyecto, definir objetivos y organizar procesos que permitan crecimiento y sostenibilidad. Podemos delegar en otros profesionales, pero necesitamos comprender estos aspectos para decidir con criterio.
La creatividad y la innovación completan este entramado. La creatividad es una capacidad estratégica que permite diseñar propuestas diferenciales y adaptarse a nuevas demandas. De ella surge la innovación, siempre aplicada con criterio científico. En un entorno cambiante, el aprendizaje continuo no es opcional: es indispensable para sostener la relevancia profesional.
Las posibilidades de emprendimiento en nutrición son amplias. Van desde un consultorio que evoluciona hacia un equipo interdisciplinario hasta el desarrollo de viandas saludables, productos alimenticios, asesorías a empresas o programas digitales. Cada iniciativa requiere visión y compromiso, pero también planificación y coherencia con la propia identidad profesional.
Emprender, además, no implica hacerlo en soledad. Buscar mentores, asesores, coaches o participar en incubadoras puede marcar una diferencia significativa. El acompañamiento permite evitar errores frecuentes, acelerar aprendizajes y sostener el proceso en momentos de incertidumbre. Ningún proyecto crece aislado.
En definitiva, emprender en nutrición es mucho más que ejercer una profesión. Es asumir la responsabilidad de crear, gestionar y proyectar un negocio propio. Es animarse a combinar vocación con estrategia. Y es, también, la posibilidad de vivir de lo que amamos, ejercer con mayor autonomía y, con trabajo sostenido, construir la calidad de vida y el reconocimiento que todo profesional comprometido merece.


