El dato confirma una tendencia que se viene consolidando en los últimos años: cada vez más empresas recurren al mercado para financiar capital de trabajo o proyectos de inversión, en un contexto en el que el crédito bancario sigue siendo limitado o costoso.
Dentro de ese universo, el instrumento que más creció es el pagaré bursátil electrónico, que ya concentra el 56% del financiamiento negociado. Los cheques de pago diferido explican el 42% de las operaciones, mientras que la factura de crédito electrónica todavía representa apenas el 2% del total.

El avance del pagaré bursátil marca un cambio estructural en el mercado. A diferencia del cheque, este instrumento permite estructurar financiamiento por montos mayores y con plazos más largos, lo que lo vuelve especialmente atractivo para empresas medianas y grandes que buscan diversificar sus fuentes de crédito.
Entre los beneficios de esta tendencia, analistas del mercado destacan que el crecimiento de estos instrumentos amplía las opciones de financiamiento para el sector productivo y reduce la dependencia exclusiva del sistema bancario. Además, favorece el desarrollo del mercado de capitales local y permite canalizar el ahorro de inversores institucionales hacia la economía real.
Otro aspecto positivo es la posibilidad de acceder a financiamiento en distintas monedas. En el caso de los pagarés bursátiles, cerca de un tercio de las emisiones se realiza en dólares o instrumentos vinculados al tipo de cambio, lo que resulta particularmente relevante para empresas exportadoras o vinculadas a sectores como energía y minería.

Sin embargo, el avance de este mercado también plantea algunos riesgos. Uno de los principales es el aumento de la segmentación por riesgo crediticio. En el mercado de cheques, por ejemplo, la tasa promedio para instrumentos avalados ronda el 30%, mientras que los cheques sin garantía superan el 43%, lo que refleja una mayor selectividad por parte de los inversores.
Esta brecha evidencia que, en contextos de tasas elevadas o incertidumbre macroeconómica, las empresas con menor acceso a garantías pueden enfrentar mayores dificultades para financiarse o deben hacerlo a costos significativamente más altos.
Otro punto de atención es la fuerte concentración de las operaciones en un número reducido de intermediarios financieros, entre los que se destacan firmas como Balanz Capital, Global Valores, Allaria y Adcap Securities Argentina. Si bien esto refleja la profesionalización del mercado, también implica que buena parte del flujo de financiamiento depende de un grupo limitado de actores.
Por último, aunque la factura de crédito electrónica muestra un crecimiento interanual significativo, su participación sigue siendo marginal dentro del sistema. Grandes compañías como YPF S.A. o Vista Energy Argentina S.A.U. aparecen entre las principales empresas obligadas al pago en este instrumento, pero su utilización todavía está lejos del potencial que se esperaba cuando fue creada.
En este contexto, el desafío hacia adelante será consolidar el crecimiento del financiamiento en el mercado de capitales sin que ello implique una mayor exclusión para las empresas con menor acceso a garantías o menor tamaño. El desarrollo de nuevos mecanismos de aval, mayor competencia entre intermediarios y una mayor adopción de instrumentos como la factura de crédito podrían ser claves para ampliar el alcance de estas herramientas en los próximos años.
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